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La gente honesta también tiene derechos
La libertad es para la gente honesta. Ningún hombre que no sea honesto puede ser libre: está en su propia trampa. Cuando sus propias acciones no se pueden revelar, entonces es un prisionero; debe ocultarse de sus semejantes y es un esclavo de su propia conciencia. La libertad se tiene que merecer antes de que cualquier libertad sea posible.

Proteger gente deshonesta es condenarla a su propio infierno. Al hacer de los “derechos individuales” un sinónimo de “proteger al criminal”, se ayuda a crear un estado de esclavos para todos; porque donde se abusa de la “libertad individual” surge con ello una ansiedad que a la larga barre con todos nosotros. Los objetivos de todas las leyes disciplinarias son los pocos que incurren en falta. Tales leyes, desafortunadamente, también dañan y restringen a quienes no incurren en falta. Si todos fueran honestos, no habría amenazas disciplinarias.

Sólo hay un camino de salida para la persona deshonesta: encarar sus propias responsabilidades en la sociedad y volverse a poner en comunicación con sus semejantes, con su familia, con el mundo en general. Al intentar invocar sus “derechos individuales” para protegerse de un examen de sus actos, reduce, exactamente en esa medida, el futuro de la libertad individual, porque él mismo no es libre. Sin embargo infecta a los demás que son honestos al usar el derecho de ellos a la libertad para protegerse a sí mismo.

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